13 de septiembre de 2009

Crisis financiera internacional y fin de la hegemonía del dólar: EE.UU. versus ALBA

                                                                                                                                                                         Crisis financiera internacional y fin de la hegemonía del dólar:
EE.UU. versus ALBA
                                                                                                                                                                                         Por: Jutta Schmitt


"La verdad ahora es esta: 'Él que imprima la moneda, determina las reglas' -- por lo menos hasta próximo aviso. [...] El objetivo [...]: forzar a países extranjeros a producir y a subsidiar a nuestro país para que mantenga su superioridad militar y su control sobre las imprentas de las monedas."
                                                                                   Ron Paul


En noviembre del año pasado, en la tercera Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) - Tratado de Comercio de Los Pueblos (TCP), sus presidentes se reunieron con el propósito de hacer frente a la crisis del sistema capitalista mundial. Considerando la volatilidad del sistema financiero internacional, la inviabilidad del modelo capitalista con su lógica destructora y la ausencia de propuestas y medidas categóricas por parte de los grandes centros de poder globales para enfrentar la crisis, los presidentes de los países miembros del ALBA coincidieron en que el sistema internacional financiero no puede ser refundado sino tiene que ser sustituido por otro, basado en la solidaridad, estabilidad, sustentabilidad ecológica y en la justicia social. Los jefes de Estado coincidieron en que los países de nuestra región, si su respuesta a la crisis quiere ser eficaz, deben, en definitiva, desprenderse y protegerse de las garras del capital transnacional para así poder emprender un camino propio que no dependa del erosionado sistema económico y financiero internacional, ni de la hegemonía del dólar norteamericano artificialmente mantenida y literalmente impuesta a la fuerza. Al efecto, se acordó crear una zona monetaria latinoamericana que abarque en una primera fase a los países miembros del ALBA y se especificó que la zona monetaria cuente con una Cámara de Compensación de Pagos y con un Fondo de Estabilización y de Reservas, financiado por los aportes de sus países miembros. En cuanto a la política económica de la futura zona económica y monetaria latinoamericana, se acordó la implementación de una política expansiva de demanda (keynesiana), promoviendo inversiones para el desarrollo de actividades económicas complementarias. (1)
                                                                                                                                                        Además, se estableció que la zona monetaria latinoamericana será regida por su moneda propia, el 'Sistema Unitario de Compensación Regional' o sucre, en función de independizarse de los mercados financieros mundiales y de romper con la eterna dependencia del dólar como moneda de intercambio, hasta ahora prevaleciente en el comercio y negociaciones entre nuestros países latinoamericanos.(2) El inicio de las operaciones financieras con la nueva moneda única se proyecta hacia comienzos del próximo año y así es como se espera poder contar con este instrumento a partir del 1ro de enero de 2010.(3) Con ello, se dará un paso importante en el desmantelamiento necesario del actual sistema económico-financiero internacional que sigue siendo caracterizado por la hegemonía del dólar que posibilita a los EE.UU. importar bienes y servicios desde todas partes del mundo, a cambio de un papel impreso de color verde, prácticamente sin valor alguno.

El hecho de que el dólar hoy en día no tenga más valor real que el valor del papel en el que está impreso, convierte la continuidad de su hegemonía mundial en una cuestión de vida y muerte para los EE.UU. En un comprimido recorrido histórico referente al auge y caída del dólar estadounidense cabe recordar, que después de la Segunda Guerra Mundial la economía estadounidense era la más poderosa y sólida del mundo. Tenía enormes capacidades exportadoras y crediticias, lo cual le permitió financiar la reconstrucción de Europa por medio del famoso Plan Marshall, con miras a fomentar en Europa un futuro mercado para sus propias exportaciones e inversiones, al igual que contener la posible influencia de la Unión Soviética en Europa Occidental. El dólar norteamericano se convirtió en la incontestada moneda líder mundial de intercambio y de reserva, en el marco del sistema monetario internacional de Bretton Woods bajo el patrón oro-divisas. El dólar figuraba como moneda ancla, convertible en oro, y se estableció una relación fija entre los valores de cambio de las distintas divisas internacionales. 
                                                                                                                                                                 Sin embargo, el creciente déficit comercial de los EE.UU., combinado con una política monetaria inflacionaria específicamente durante la guerra de Vietnám, condujo al quebrantamiento de la convertibilidad del dólar en oro, terminando con su suspensión unilateral por parte de la administración Nixon en 1973. Con ello, el sistema original de Bretton Woods había colapsado y el dólar sufrió una disminución sensible como moneda de reserva internacional, aunque no llegó a ser seriamente retado por otras monedas para este momento, dada la ausencia de un competidor lo suficientemente fuerte para ocupar esta posición. El colapso del sistema de Bretton Woods condujo a la devaluación del dólar y causó una disminución sensible en las ganancias petroleras de los países OPEP, ya que su petróleo se cotizó en dólares. A esto se le sumó la guerra de Jom Kippur en el Medio Oriente, y ambos factores condujeron entonces al alza de los precios petroleros y la crisis petrolera de 1973/74, la cual, a su vez, generó el fenómeno conocido como 'reciclaje de los petro-dólares' que volvió a beneficiar la posición del dólar norteamericano. En ausencia de una moneda de reserva internacional alternativa o de la existencia de una cesta de divisas petroleras, el dólar se 'ancló' al petróleo en una especie de estándar-petróleo lo que le posibilitó perpetuarse, a pesar del enorme y creciente déficit de la balanza de pagos estadounidense, como primera moneda de intercambio y de reserva internacional y como única divisa petrolera, prácticamente hasta nuestros días. Este panorama sólo había empezado a cambiar con el auge, a comienzos del nuevo milenio, de una fuerte moneda competidora, el euro, y el desplazamiento del centro económico mundial desde Norteamérica hacia Europa y Asia. Ahora, con el colapso del sistema financiero internacional y la crisis capitalista generalizada, el panorama luce aun más preocupante para el dólar estadounidense.

Hasta ahora, dos factores principales han sostenido la posición primordial del dólar en el mundo: Primero, los flujos de capital hacia los EE.UU. por concepto de 'reinversión', es decir, la reinversión, en los EE.UU., de los superávit comerciales obtenidos por parte de países e inversionistas extranjeros por su intercambio con EE.UU. Segundo, la facturación de las transacciones petroleras a escala mundial en dólares americanos, siendo este factor de vital importancia para los EE.UU. por garantizar la perpetuación de su moneda como la divisa de reserva internacional más importante. Esto les permite continuar 'auto-endeudándose' en 'dólares propios' sobre cuya impresión tienen el monopolio exclusivo. Esto quiere decir, que la Reserva Federal ha imprimido e imprime dólares en la cantidad que considera necesaria y en el momento cuando lo considere necesario, prácticamente sin restricciones, aparte de la capacidad y voluntad de absorción a escala mundial y la presión inflacionaria generada tanto a nivel doméstico como internacional. A todas estas, los inmensos flujos de capital hacia EE.UU. provenientes del exterior no sólo han financiado sus déficit comerciales y de balanza de pagos, sino y perversamente también sus gastos militares que son los más altos del planeta. Así es como por un lado y ante los astronómicos costos de su gasto militar, la supremacía militar estadounidense se derrumbaría como un castillo de naipes si el dólar perdiera su rol como moneda líder de reserva internacional y divisa petrolera; y por otro lado, es esta misma supremacía militar mediante la cual los EE.UU. han estado defendiendo 'preventivamente' a su moneda y su posición privilegiada sobre la que descansa cómodamente toda la existencia deficitaria de los Estados Unidos de Norteamérica.

En palabras del congresista estadounidense, Ron Paul:

            "Irónicamente, la superioridad del dólar depende de nuestra fortaleza militar, y nuestra fortaleza militar depende del dólar. Mientras que los recipientes extranjeros sigan aceptando nuestros dólares por sus bienes reales y mientras que tengan la voluntad de financiar nuestro consumo extravagante y nuestro militarismo, el estatus quo continuará no importa cuán gigantesca será nuestra deuda externa y cuán deficitario nuestro déficit de pagos." (4)

El precio que una parte del mundo ha tenido que pagar para que se mantenga intacto este sistema perverso, han sido presiones, coerciones, amenazas, guerras de agresión, golpes de Estado y operaciones de desestabilización, especialmente en caso de aquellos países que, de una forma u otra, han tratado de establecer otros marcos de referencia financiera que conducirían a la ruptura de la hegemonía del dólar. Recordemos el caso de Irak con la decisión de Saddam Hussein, en noviembre del año 2000, de cambiar sus reservas de dólares norteamericanos por euros y de facturar la venta del petróleo Iraquí en euros; situación inmediatamente revertida por los invasores estadounidenses una vez agredido y ocupado Irak en el 2003. Tengamos presente el caso de las amenazas continuas contra la República Islámica de Irán, país que en el año 2002 empezó a cambiar gran parte de sus reservas internacionales denominadas en dólares por euros, y que lanzó el proyecto de una bolsa petrolera Iraní a establecerse en la isla de Kish, que facturaría la venta del petróleo iraní en euros y en otras denominaciones con excepción del dólar; proyecto pospuesto varias veces hasta que finalmente la Bolsa de Petróleo Iraní pudo abrir sus operaciones en febrero del año pasado.(5) Está el notorio caso de nuestra República Bolivariana de Venezuela, víctima de un golpe de Estado en el año 2002 y desde entonces, de continuas operaciones de desestabilización que están apuntando a una eventual intervención militar directa por parte de las Fuerzas Armadas estadounidenses desde territorio Colombiano; no sólo por las apetencias del gobierno de EE.UU. de apoderarse de los recursos energéticos y naturales de Venezuela y de la región, sino por que el presidente Hugo Chávez se ha pronunciado a favor de facturar la venta del petróleo venezolano en euros y en otras divisas, e inclusive ha intercambiado determinadas cantidades de petróleo venezolano por su respectivo equivalente en bienes y servicios con otros países de la región, obviando así el uso del dólar estadounidense como moneda de intercambio. Rusia y China, que dispone de las reservas internacionales más amplias del mundo denominados en dólares, han considerado desde hace tiempo que el dólar ya no cumple una función sana como moneda líder de reserva e intercambio internacional, y han propuesto, en la última cumbre del G-8 del pasado mes de julio, la implementación de una nueva moneda única supra-nacional, basada en una mezcla de monedas de reserva regionales, considerada indispensable para superar la abismal crisis del sistema financiero internacional.

El precio que, al fin y al cabo, hubo que pagar por el artificial mantenimiento de la hegemonía del dólar a escala global, fue el colapso mismo del sistema internacional financiero, precio pagado como siempre y por supuesto, por los trabajadores del mundo, quienes ven comprometido no sólo el futuro de la actual generación de trabajadores, sino de muchas generaciones por venir. Hasta la propia ONU parece haber despertado, ya que en el recientemente publicado reporte anual de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) del año 2009, se sugiere la sustitución del dólar estadounidense por una nueva moneda líder mundial.(6) Y mientras que se empieza a escuchar un coro de voces cada vez más fuerte en reclamación de un nuevo orden financiero internacional, nuestros países del ALBA, confiando en su propia fuerza, voluntad y potencialidad, están emprendiendo los primeros pasos concretos para no sólo desprenderse de la hegemonía del dólar sino para establecer nuevos parámetros de intercambio solidario y complementario. En este contexto se entiende mejor, por qué América Latina en este momento, aparte de sus codiciados recursos naturales y energéticos, adquiere especial importancia para los EE.UU. Una alianza regional como el ALBA con su propia moneda de intercambio y reserva, constituye sin duda otro clavo más en el ataúd de la hegemonía del dólar. Esta es una de las razones por la que próximamente el gobierno de los EE.UU. nos estará apuntando con sus armas desde territorio Colombiano.


Notas

(2) ibídem.
(4) Hon. Ron Paul of Texas Before the U.S. House of Representatives, February 15, 2006; http://www.house.gov/paul/congrec/congrec2006/cr021506.htm, mi traducción del inglés.